Tres años atrás fui en un viaje de descubrimiento en Asia donde visite algunas comunidades y organizaciones que estaban hacienda trabajos de justicia. Uno de los lugares que visite fue la oficina de Misión de Justicia Internacional (International Justice Mission) en Chennai, India. Tuve la oportunidad de liderar la alabanza y adoración durante su devocional en la mañana, lo que me tenia nerviosamente ansiosa. La oficina estaba en silencio porque parte del staff había salido temprano por la mañana en una misión de rescate hacia un campo de esclavitud en el área. Había una anticipación que creaba tensión en el aire, y podíamos palpitarlos mientras comenzaba el tiempo de Alabanza y Adoración.

Al principio cuestionaba mi presencia y mi rol en esta reunión. Sentía un conflicto en mi. Mi trabajo y don es liderar canciones, cantar y tocar música. Su trabajo y don era liberar a las personas de una vida de desesperanza y desolación. “Que estoy haciendo acá?” me pregunte. Pensaran ellos que una tontería que yo cante mis pequeñas canciones en el medio de todo lo que ellos debían hacer? Podrían ellos cantar mientras sabían que su operación de rescate podría fracasar en cualquier momento?

Pero toda esa inseguridad comenzó a desparecer una vez que comenzamos a adorar juntos. Rápidamente note como cantaban fervientemente, levantando sus manos y cerrando sus ojos. Todos en ese espacio estaban adorando a Dios como si sus vidas dependieran de ellos. Había un trabajo de justicia muy importante que debía hacerse – de eso no había ninguna duda. Pero ese trabajo que debía hacerse no iba a ser independiente del tiempo de adoración. De hecho, me di cuenta que los dos no podían funcionar por separado.

En el medio de este llamado de vivir la justicia en una manera real y tangible había un respirar colectivo respecto de la necesidad del Dios viviente. Tenemos que adorar a Dios con una honestidad que no nos avergüence, ya sea a través de los lentes de adorar la grandeza de Dios, llorar a Dios en lamento, darnos cuenta que la esperanza en Dios produce gozo, o/y levantar nuestros corazones para sostener el trabajo que están haciendo nuestras manos.
Recordé esta experiencia tantas veces desde ese día. Dejo una marca imborrable en mi vida. Me recordó que todos nuestros trabajos de justicia están alimentado por las maneras creativas en las que alabamos y adoramos. Y todas estas expresiones creativas alimentan y sostienen nuestro trabajo de justicia. Todo es Adoración.

Es por eso que estoy ansiosa por la reunión que vamos a tener en Junio para la conferencia de justicia (Justice Conference). Que increíble oportunidad para que miles de los hija/os de Dios se reúnan…a adorar a Dios como si nuestras vidas (y las de otros) depende de ello. Tomar la respiración colectiva juntos. Cantar de la grandeza de Dios. Llorar en lamento. Darnos cuenta que la esperanza de Dios trae alegría. Levantar nuestros corazones, pedir a Dios que sostenga el trabajo de nuestras manos.